Blog

Inicio / Archive by category "Blog"
Educarnos para educar, la única innovación posible.

Educarnos para educar, la única innovación posible.

Si comprendemos la Innovación como capacidad creativa, como capacidad de dar nuevas respuestas a las demandas actuales, de responder de forma útil y adecuada a las necesidades “centrales” que presenta nuestra sociedad contemporánea; comprenderemos claramente que la educación juega un rol único y determinante.

Rápidamente se nos presenta el primer desafío innovador: comprender la educación como un proceso que no se dirige solo hacia los demás sino sobre todo hacia uno mismo, hacia una auto-educación; y que implica el conocimiento que no ofrece la educación oficial, todo aquello que se conoce hoy como Soft Skills.

El segundo desafío conlleva la idea de tiempo: este proceso no deberá ser durante un período determinado, como sucede con la educación académica, sino durante toda la vida, explotando al máximo la gran capacidad que tiene nuestro cerebro: aprender siempre, bajo cualquier circunstancia, de todo lo que nos sucede (long life learning).

Estas dos ideas, auto-conocimiento más long life learning, nos llevan al concepto de educación integral. Una educación donde no solo se tenga en cuenta el saber intelectual, sino que se sumen nuevos saberes, completando los tres necesarios para dicha integralidad:

1-Saber intelectual (adquisición de datos, comparación y organización de ideas)

2-Saber emocional (conocimiento, gestión y orientación de las propias emociones)

3-Saber relacional (empatía, capacidad de trabajo en grupo, capacidad de negociación y cooperación, flexibilidad, tolerancia, escucha activa, comunicación, etc.)

Por último es necesario comprender las ideas de esfuerzo y paciencia para cumplir gradualmente con este proceso de cambio personal que repercutirá poderosamente en lo colectivo.

Solo así lograremos construir un nuevo paradigma, que nos permita llegar a manifestar reales valores humanos y  aplicarlos a la construcción diaria del mundo en el que nos gustaría vivir, seguramente bastante mejor del que tenemos.

Más allá de los límites

Más allá de los límites

La vida cotidiana nos da la posibilidad, casi de forma continua, de entrar en relación con nuestros límites, de reconocerlos y poder usarlos a nuestro favor.

El espacio en el que nos movemos habitualmente no suele ser muy grande ni muy rico de posibilidades y respuestas. Lo que de allí surge, casi siempre se cocina con los mismos pocos ingredientes. Es más bien un territorio bastante árido y poco productivo. A esta dimensión se la llama actualmente zona de confort. Un espacio dentro del cual nada cambia ni nada nuevo sucede; allí simplemente el tiempo pasa, y el que en él habita cree estar seguro, fuera de peligro; sin siquiera sospechar que el mayor peligro reside justamente en estar ahí dentro, inmóvil.

Inmediatamente después de sacar un pie fuera de este pequeño espacio, comienza a dibujarse la zona de la posibilidad. Posibilidad de ampliar mis márgenes y limitaciones y crecer, expandir el pequeño espacio y ampliarlo siempre más. La negación de lo nuevo, el rechazo a lo desconocido o el sentimiento de “amenaza” (y la correspondiente fricción que esto provoca), suelen ser las señales que indican que el contacto con el límite se está produciendo.

Aquí es donde comienza el juego de relación con los límites, el que puede llevarme de la zona de confort  a la zona de la posibilidad, y desde allí, a la toma de conciencia de la imperiosa necesidad que todos tenemos: mejorarnos para participar de la vida. Entender que vivir es cambiar y que la felicidad se construye mediante acciones concretas, no sucede por casualidad.

El desafío consiste en encontrar la justa medida en la relación con el límite. Si ni me acerco a ellos, permaneceré donde ya sabemos lo que pasa, si me empujo demasiado fuera de ellos, corro el riesgo de dañarme y no querer volver a intentarlo.

Materialmente, una persona puede obtener grandes beneficios sin haberse esforzado demasiado. Socialmente, alguien puede llegar a ocupar una posición alta por mera casualidad. Interiormente, donde residen felicidad y plenitud, nada puede obtenerse sin esfuerzo, nada puede comprarse, nada puede serte regalado. La casualidad, en esta dimensión, sencillamente no existe.

Reírse de uno mismo!

Reírse de uno mismo!

Lamentablemente nuestra lengua no tiene un término preciso para definir la actitud de una persona de reírse de sí misma, de bromear sanamente con su propia persona. Los italianos la llaman “autoironia”, y la definen como la capacidad de ironizar sobre los propios defectos.

Lo concreto es que practicar esta actitud de no tomarnos tan en serio genera grandes beneficios en nosotros y en las personas de nuestro entorno. El sentido del humor sano, ligero y en su justa medida, ayuda a soltar tensiones, a relajar músculos contracturados, a distender ambientes.

Cuando logro reírme un poco de mí mismo, me ayudo a no tomarme tan en serio, porque la realidad es que no soy tan importante. Si yo faltase mañana, el mundo seguiría girando, y la empresa para la que trabajo, sin duda seguiría su camino. Por lo tanto, este humor sutil hacia mí mismo, ablanda un poco mi ego, mostrándome una perspectiva más realista: verdaderamente no soy tan importante como muchas veces creo ser, no soy tan indispensable como muchas veces me siento; otros muchos seres humanos, en mi lugar, podrían hacerlo al menos igual que yo.

El sano sentido del humor, vaya en la dirección que vaya, ayuda siempre a desdramatizar las situaciones problemáticas, por lo tanto, a no dejarnos atrapar completamente por estas, sean cuales fueren, con la certeza de que antes o después, esas situaciones que parecen dramas irresolubles, se modificaran o sencillamente, terminarán. De esta manera aprendemos a tomar distancia de dichas situaciones para poder enfocarlas mejor y observar sus complejidades, generando así nuevas conexiones neuronales que nos permitirán encontrar respuestas adecuadas a las mismas, consiguiendo ser más creativos, capaces e inteligentes.

Todas las personas exitosas (éxito= resultado económico + plenitud personal) tienen una estrecha relación con el sentido del humor; saben divertirse en cualquier situación, saben reírse de sí mismos, saben también el poder que tiene una sonrisa y no se la niegan a nadie. Saben que la sonrisa es el puente que conduce a la empatía; y esta es, sin duda, la herramienta más poderosa de toda relación; sea esta laboral, personal o social.

Las alas del error

Las alas del error

“Errar es humano, perdonar es divino” la frase de Alexander Pope es un buen punto de partida para comprender las grandes posibilidades que puede ofrecernos el cometer errores. Pope dice que errar es parte inherente de nuestra condición humana (de momento dejemos de lado la parte divina). No dice que sea bueno o que sea malo; simplemente dice que es propio de nuestra naturaleza cometer errores. Así que podemos estar tranquilos, cometer errores es algo natural para todos nosotros.

Pero sucede a menudo que no lo queremos asumir. Lo negamos, lo ocultamos, lo justificamos, lo camuflamos o intentamos pasárselo a otro. Como si fuese yo el único que los cometiese o, peor aún, como si fuese un apestado por cometerlos. Esto sucede por algo muy sencillo de comprender: el paradigma premio – castigo en el que fuimos educados desde muy pequeños. Nos enseñaron que el error es malo y nos castigaban por ello.

Cuando actuamos así estamos negando nuestra condición pretendiendo ser algo que no somos, esquivando nuestra responsabilidad y desperdiciando oportunidades maravillosas. Mi error, como parte natural de mi existencia, me da la oportunidad de verme en él cómo en un espejo, ofreciéndome la posibilidad de mejorar mi propia versión.

A través de él puedo observarme y aprender. Puedo desmenuzar el evento que contiene ese error y chequear qué distracciones hubo para que se produjera, qué lagunas de conocimiento se evidenciaron para llegar a él y muchos otros datos que pueden impulsarme al desarrollo, al crecimiento.

Cuando frente a mí mismo, sin emitir juicio alguno, soy capaz de verme en el error aceptándolo con valentía, y acto seguido, narrarle a mi mente cómo hubiera sido la secuencia vivida de manera adecuada, de manera fecunda; estaré generando nuevas conexiones neuronales, o sea nuevas posibilidades, nuevas respuestas, nuevos inshigts. De esta manera podremos honrar el error cometido utilizándolo a favor de nuestro proceso auto-educativo, no permitiendo que se haya producido en vano. Entonces podremos decir que errar… es divino.

 

 

La Empresa, la Comunicación y la Excelencia

La Empresa, la Comunicación y la Excelencia

 

Como todos sabemos, dentro de una empresa, o mejor dicho dentro de cualquier organización, la comunicación juega un rol más que fundamental.

La calidad de la comunicación que se manifieste dentro de la empresa, tanto a nivel interno cómo a nivel de lo que se comunique hacia fuera del organismo, será determinante y decisivo para alcanzar los objetivos propuestos con mayor o menor celeridad y eficacia.

La inversión en el desarrollo de habilidades para la comunicación del equipo humano que constituye el motor de una empresa, es una inversión siempre más segura, sostenible y con visión largoplacista.

Con líderes emocionalmente inteligentes y capaces de afrontar la “reinvención” constante que pide el ritmo de la sociedad actual; y con equipos de trabajo cohesionados y sólidos, generadores de ambientes laborales ligeros y agradables – por lo tanto eficaces -; estaremos influyendo de forma concreta y determinante sobre los resultados de una empresa:

Por una parte se reducirán tiempos, lo que genera ahorro de recursos y ganancia de dinamismo y eficacia, y por otra, se estará protegiendo y desarrollando el valor más importante que tiene toda empresa: su capital humano.

De esta manera, trabajando equilibradamente tanto para los resultados materiales como para las personas, nos estaremos orientando al gran objetivo que persiguen todas las organizaciones que existen en el mundo: La Excelencia.

La educación y el desarrollo

La educación y el desarrollo

Toda la instrucción que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas está relacionada con la adquisición de instrumentos que nos permitan vivir y desenvolvernos dentro de la sociedad: herramientas para acceder al mercado laboral, habilidades para tener éxito social, reconocimiento, bienes materiales, poder, comodidad, etc.

El colegio, la escuela media y superior, la universidad; luego los masters, grados, postgrados, especializaciones. En todo este largo recorrido, que comienza cuando somos muy pequeños, solo nos han proporcionado diferentes métodos y herramientas para la supervivencia y el progreso sociales.

Dentro de todos estos programas de estudio, nunca nos hemos topado con una asignatura que se llame “Entrenamiento para ser tú mismo” o “Ejercicios prácticos para conocerte mejor”.

Un título universitario, una posición social, el ejercicio de cierto poder en un determinado ámbito, no son la genuina manifestación de tu esencia, no son tu ser real, no son “Tú”. Solo son cosas que has adquirido.

Lo adquirido, lo que no es tuyo, viene de fuera; lo esencial, lo que si te pertenece por naturaleza, viene de dentro y busca emerger; te llama, todos los días, con el enorme deseo de surgir y manifestarse.

El desarrollo real de un ser humano está relacionado con el desarrollo de su ser, con el crecimiento de su esencia, con la gradual manifestación de lo que esa persona realmente es. Está relacionado con el maravilloso viaje de descubrirse a sí mismo. Como pienso yo por mi mismo, como siento yo por mi mismo, como actúo yo  por mi mismo. Por mi mismo significa libre de la poderosa influencia que la educación ha ejercido sobre mí, condicionándome más de lo que logro darme cuenta.

¿Esto significa que debo negar mi educación y eliminarla de mi vida? absolutamente no! Es más, tengo que estarle muy agradecido y seguir nutriéndola siempre, me ha sido y me es de extrema utilidad, me ha ayudado a desenvolverme en este mundo. Lo que sucedió fue solo que, en este proceso, me olvidé de una parte, quizá la más importante.

Lo interesante será comenzar a equilibrar la balanza. Tomar conciencia que mi existencia tiene, al menos, dos direcciones: una externa, social; y otra interna, esencial.

Los valores de felicidad y plenitud que tanto deseamos, serán alcanzados solo desde la unión de ambas vertientes, por manifestar nuestra balanza con sus dos platos en equilibrio; pero no tenemos que olvidar que, felicidad y plenitud son emociones, y que por lo tanto, tienen su raíz en el mundo interior de cada uno de nosotros. Y es allí donde debe ir hoy nuestra mayor atención, ya que durante mucho tiempo lo hemos tenido olvidado o lo hemos dejado casi siempre para lo último.

El backstage del líder

El backstage del líder

El liderazgo es la capacidad de gestionar grupos de personas para llevarlas a conseguir objetivos dentro de un marco de condiciones internas amables; y es, como cualquiera de las acciones que manifestamos diariamente, un espejo que refleja quién es ese líder, mostrándonos su grado de desarrollo humano.

Antes de poder aplicar las máximas del liderazgo a su grupo de referencia, esa persona deberá saber aplicarse a sí mismo algunas pautas: tendrá que saber desenvolverse como desea que su equipo lo haga, erigiéndose de esta manera en un modelo de orientación para el grupo.

La gestión del grupo comienza con la auto-gestión de su líder, y he aquí la responsabilidad que este asume.

El primer paso para conseguirlo es el conocimiento de sí mismo: el líder deberá conocerse al menos en un nivel suficiente como para reconocer, mediante la auto-observación, las emociones propias, aquellas que son útiles para cada situación, y aquellas que no lo son.

El segundo paso será manifestar la capacidad de auto-control, lo que le permitirá elegir, alinearse y exteriorizar solo aquellas emociones que son sinérgicas al objetivo buscado y descartar toda posibilidad auto-saboteadora.

Una vez reconocidas y gestionadas las propias emociones, una vez que “la casa está en orden” podrá dar el tercer paso: el encuentro directo con los demás, manifestando la capacidad por excelencia en las relaciones interpersonales: la empatía, en este caso, orientada al resultado que el grupo persigue.

Solo a partir de aquí puede dar comienzo un verdadero proceso de liderazgo destinado al éxito material y a la plenitud personal de cada integrante del grupo.

Resumido sería así, desde la visión del líder:

1-Me conozco (reconozco mis emociones en el momento presente, las positivas y las no útiles).

2-Me gestiono (me esfuerzo en abandonar todo aquello que no es útil al objetivo y me manifiesto solo de forma proactiva).

3-Me relaciono (voy al encuentro de los demás practicando la empatía orientada al resultado).

Reflexiones en voz alta

Reflexiones en voz alta

Vivimos bajo niveles de exigencia elevados. La presión a la que estamos sometidos, con el objetivo de producir, es grande y desgastante. Y en ese empeño por producir olvidamos el factor más importante y determinante para que una verdadera existencia productiva sea posible: Nos olvidamos de nosotros mismos, del ser humano.

El estrés crece sano y fuerte y la ausencia de paz en nuestras vidas es siempre más tangible; corremos agitados hacia un objetivo totalmente desconocido, que ni siquiera sabemos qué fruto aportará a nuestras vidas.

No podremos producir algo mejor de lo que tenemos si no hacemos una pausa y reflexionamos de modo serio; si no colocamos al ser humano en el centro del asunto, como protagonista absoluto de este teatro social cotidiano en el que existimos.

Productividad es, además de números positivos, gozo por la existencia, plenitud, serenidad, paz, cierta alegría de vivir, desapego de las falsas necesidades y un largo etcétera.

Todo cuanto nos rodea parece indicar que ha llegado el momento de sacar del arcón, nuevamente, los Valores Humanos olvidados desde hace tiempo, desempolvarlos y ponerlos nuevamente en funcionamiento.

Nos olvidamos que somos la especie ápice que existe sobre este planeta, capaces de manifestar talentos únicos; muchos y grandes, que podemos resumir con una sola gran palabra: Amor, la madre de todos los Valores. Existen y existieron muchos que lo han encarnado, y representan modelos de orientación para todos nosotros. Volvamos los ojos hacia ellos.

Este paradigma emergente, esta nueva visión, en relación a nosotros mismos como parte integrante de un conjunto mayor, nos obliga a ser artífices de un cambio tan maravilloso como inevitable. Nos invita a sumarnos a él con empeño, con alegría, conscientes del esfuerzo que requiere; transformándonos en agentes de contagio de todos aquellos que nos rodean.

Solo de esta manera lograremos, no solo agradecer y disfrutar el tiempo vital que nos fue otorgado, sino también, transmitirles la mejor referencia y orientación posibles a aquellos que vengan detrás.

 

Nuestra energía no es infinita: aprendamos a concentrarla sobre aquello que nos hace felices

Nuestra energía no es infinita: aprendamos a concentrarla sobre aquello que nos hace felices

Por Gianluca Bianco. Gentileza de: centodieci

No siempre es fácil coger las riendas de la propia vida, especialmente si esta ha sido influenciada desde la adolescencia, tampoco es tan fácil sentirnos seguros de haber elegido lo mejor para nosotros, lo que nos hace sentir felices y agradecidos por este día de hoy. Bajo estas premisas, muy a menudo me he preguntado (y lo sigo haciendo aún hoy): ¿Qué quieres verdaderamente?
La diferencia sustancial la hace la palabra “verdaderamente”, porque implica una inmersión en uno mismo, un análisis sincero, libre y sin prejuicios, para encontrar una respuesta satisfactoria.
La pregunta nos arrincona, nos obliga, casi que nos amenaza, y a menudo, las respuestas que damos son una adaptación, una forma de acomodarnos para posponer, por no sentirnos nunca “a la altura” y preparados para cambiar completamente nuestra vida, aunque conozcamos los deseos profundos de nuestro corazón.
¿Cuántas cosas posponemos con la esperanza de que, antes o después, se resolverán por sí solas?
Esto vale no solo para los casos de insatisfacción extrema, sino también para las más pequeñas tareas cotidianas, cuestiones sin resolver que arrastramos durante días, meses, incluso años, posponiéndolas con la esperanza que antes o después se resolverán.
La energía vital no es infinita, es una cantidad precisa y limitada para cada uno, si pudiéramos utilizarla completamente en aquello que nos hace felices y satisface; ¿nuestra existencia no sería mejor? ¿No sería mejor que desperdiciar una parte de esta energía para mantener cuestiones abiertas, alimentando la incertidumbre y el temor?
Luego de variados intentos, he llegado a la conclusión de que la acción más eficaz es aquella de intentar decirme todos los días: este es tu momento!
Estamos habituados a mirar a los demás, a elogiarlos por sus conquistas, mientras que para con nosotros mismos, estamos listos a criticar, esperar, planificar, buscar el momento, el tiempo, el lugar, lo mejor, ideal, apto para hacer; y mientras tanto, en la espera, consumimos nuestra vida.
Quiero decirte, sin medias tintas, que el momento ideal no llegará, no existe el día justo, no será todo perfecto, por esta razón, la mejor ocasión es la que podemos buscar y vivir ahora. “Si no ahora, ¿Cuándo?” Decía Primo Levi.
La mejor ocasión es la que podemos buscar y vivir ahora: “Si no ahora, ¿Cuándo?” (Primo Levi)
Dejemos de lado nuestras convicciones, nuestros miedos, nuestras dudas, nuestras certezas y lancémonos a la vida, con la esperanza cierta de que ella nos dará una mano, y respondiendo sinceramente a la pregunta ¿Qué es lo que verdaderamente quiero? Se mostrará ante nosotros la posibilidad de poder obtenerlo ahora, en este instante, porque estoy preparado, porque he trabajado para llegar aquí, por eso puedo hacerlo ahora, es mi momento, de nadie más, solo mío!
Tú eres el maestro de tu vida, eres capaz de orientar tus velas en la dirección del viento, eres capaz de timonear, de llevarte donde nunca hubieras pensado y de llegar exactamente allí, donde tú sabes; y puedes hacerlo sin correr el riesgo de perder nada, porque la vida no abandona a nadie y, si tú crees, te devolverá más de lo que tú le has dado.
Inténtalo entonces. Tienes un sueño, un deseo, un asunto sin resolver con alguien, con algo, lo tienes claro ante ti…
Ahora respira profundamente, una, dos, tres veces y di: este es mi momento! Y sin dudar más, actúa!
Te sentirás bien, muy bien, siempre más vivo; e incluso fallando podrás mejorar, y dentro de veinte años mirar hacia atrás sabiendo que lo intentaste.
Con certeza te digo: es mejor haberlo intentado y fallado, que no haberlo hecho y sentir el remordimiento.

Productividad: la suma de dos factores

Productividad: la suma de dos factores

La verdadera productividad, o la productividad completa, es la suma de dos factores, de dos valores. La consecución de un valor externo, material, económico; más el logro de un valor interno: la plenitud, la satisfacción de quien o quienes producen el valor externo.

Si producimos solo uno de estos dos valores, podemos decir que somos parcialmente productivos.

Si solo obtenemos el resultado material, y este no se une con la satisfacción interior, con un cierto estado de plenitud; habremos producido solo una parte. Y probablemente regresaremos a casa cansados, apáticos, tibios. Para que al día siguiente, se produzca nuevamente la misma dinámica de monotonía existencial. El resultado material hace la diferencia solo en parte.

De la misma manera, si conseguimos sentirnos muy bien, tener un óptimo nivel relacional en el equipo y disfrutar de lo que hacemos, pero sin conseguir el resultado material, es evidente que nuestra empresa o proyecto tendrá los días contados (También debemos decir, que si logramos esto, es más que probable, que el resultado externo se alcance, aunque no es seguro).

La realidad de nuestra sociedad actual, nos muestra claramente que hemos aprendido bastante bien a producir el primer valor: ganar dinero. Esto se sabe hacer bastante bien, las empresas saben hacerlo bastante bien. Y es un gran valor saber hacerlo.

Y también hemos de decir, que para obtener el segundo valor, queda camino por recorrer. En algunos lugares, ni siquiera aún lo reconocen. En otros comienzan a hacerlo. En pocos están ya trabajando en esta dirección.

Inevitablemente el mundo camina hacia una “productividad completa”. Así podremos completar el circuito “win – win” para regresar a casa con ganas, entusiasmados, con energía y una actitud positiva. Y esto sí hace “la diferencia”.

De esta manera seremos también buenos educadores de quienes vengan detrás, dejándoles señales de la importancia de la construcción de la felicidad personal como base para la creación de una sociedad más sana, pacífica, amable y sostenible.