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La Empresa, la Comunicación y la Excelencia

La Empresa, la Comunicación y la Excelencia

Como todos sabemos, dentro de una empresa, o mejor dicho dentro de cualquier organización, la Comunicación juega un rol más que fundamental.

La calidad de la Comunicación que se manifieste dentro de la empresa, tanto a nivel interno cómo a nivel de lo que se comunique desde dentro hacia fuera del organismo, será determinante y decisivo para alcanzar los Objetivos Propuestos con mayor o menor celeridad y eficacia.

La inversión en el desarrollo de Habilidades para la Comunicación del equipo humano que constituye el motor de una empresa, es una inversión siempre más segura, sostenible y con visión largoplacista.

Con Líderes creativos, sensibles, receptivos, y capaces de afrontar la “reinvención” constante que pide el ritmo de la sociedad actual; y con Equipos de Trabajo cohesionados y sólidos, generadores de ambientes laborales ligeros y agradables – por lo tanto eficaces -; estaremos influyendo de forma concreta y determinante sobre los resultados de una empresa:

Por una parte se reducen tiempos, lo que genera ahorro de recursos y ganancia de   dinamismo y eficacia, y por otra, se estará cuidando y desarrollando lo más importante que tiene toda empresa, toda organización, que es su Capital Humano.

De esta manera, trabajando equilibradamente para los resultados y para las personas, nos estaremos orientando al gran objetivo que persiguen todas las organizaciones que existen en el mundo: La Excelencia.

Nuestra energía no es infinita: aprendamos a concentrarla sobre aquello que nos hace felices.

Nuestra energía no es infinita: aprendamos a concentrarla sobre aquello que nos hace felices.

Por Gianluca Bianco. Gentileza de: centodieci

No siempre es fácil coger las riendas de la propia vida, especialmente si esta ha sido influenciada desde la adolescencia, tampoco es tan fácil sentirnos seguros de haber elegido lo mejor para nosotros, lo que nos hace sentir felices y agradecidos por este día de hoy. Bajo estas premisas, muy a menudo me he preguntado (y lo sigo haciendo aún hoy): ¿Qué quieres verdaderamente?
La diferencia sustancial la hace la palabra “verdaderamente”, porque implica una inmersión en uno mismo, un análisis sincero, libre y sin prejuicios, para encontrar una respuesta satisfactoria.
La pregunta nos arrincona, nos obliga, casi que nos amenaza, y a menudo, las respuestas que damos son una adaptación, una forma de acomodarnos para posponer, por no sentirnos nunca “a la altura” y preparados para cambiar completamente nuestra vida, aunque conozcamos los deseos profundos de nuestro corazón.
¿Cuántas cosas posponemos con la esperanza de que, antes o después, se resolverán por sí solas?
Esto vale no solo para los casos de insatisfacción extrema, sino también para las más pequeñas tareas cotidianas, cuestiones sin resolver que arrastramos durante días, meses, incluso años, posponiéndolas con la esperanza que antes o después se resolverán.
La energía vital no es infinita, es una cantidad precisa y limitada para cada uno, si pudiéramos utilizarla completamente en aquello que nos hace felices y satisface; ¿nuestra existencia no sería mejor? ¿No sería mejor que desperdiciar una parte de esta energía para mantener cuestiones abiertas, alimentando la incertidumbre y el temor?
Luego de variados intentos, he llegado a la conclusión de que la acción más eficaz es aquella de intentar decirme todos los días: este es tu momento!
Estamos habituados a mirar a los demás, a elogiarlos por sus conquistas, mientras que para con nosotros mismos, estamos listos a criticar, esperar, planificar, buscar el momento, el tiempo, el lugar, lo mejor, ideal, apto para hacer; y mientras tanto, en la espera, consumimos nuestra vida.
Quiero decirte, sin medias tintas, que el momento ideal no llegará, no existe el día justo, no será todo perfecto, por esta razón, la mejor ocasión es la que podemos buscar y vivir ahora. “Si no ahora, ¿Cuándo?” Decía Primo Levi.
La mejor ocasión es la que podemos buscar y vivir ahora: “Si no ahora, ¿Cuándo?” (Primo Levi)
Dejemos de lado nuestras convicciones, nuestros miedos, nuestras dudas, nuestras certezas y lancémonos a la vida, con la esperanza cierta de que ella nos dará una mano, y respondiendo sinceramente a la pregunta ¿Qué es lo que verdaderamente quiero? Se mostrará ante nosotros la posibilidad de poder obtenerlo ahora, en este instante, porque estoy preparado, porque he trabajado para llegar aquí, por eso puedo hacerlo ahora, es mi momento, de nadie más, solo mío!
Tú eres el maestro de tu vida, eres capaz de orientar tus velas en la dirección del viento, eres capaz de timonear, de llevarte donde nunca hubieras pensado y de llegar exactamente allí, donde tú sabes; y puedes hacerlo sin correr el riesgo de perder nada, porque la vida no abandona a nadie y, si tú crees, te devolverá más de lo que tú le has dado.
Inténtalo entonces. Tienes un sueño, un deseo, un asunto sin resolver con alguien, con algo, lo tienes claro ante ti…
Ahora respira profundamente, una, dos, tres veces y di: este es mi momento! Y sin dudar más, actúa!
Te sentirás bien, muy bien, siempre más vivo; e incluso fallando podrás mejorar, y dentro de veinte años mirar hacia atrás sabiendo que lo intentaste.
Con certeza te digo: es mejor haberlo intentado y fallado, que no haberlo hecho y sentir el remordimiento.

Productividad: la suma de dos factores.

Productividad: la suma de dos factores.

La verdadera productividad es la suma de dos factores, de dos valores. El alcance de un valor externo, material, económico; más el logro de un valor interno: la plenitud, la satisfacción, la felicidad de quien o quienes producen el valor externo.

Si producimos solo uno de estos dos valores, podemos decir que somos parcialmente productivos.

Si solo obtenemos el resultado material, y este no se une con la satisfacción interior, con un cierto estado de “alegría de vivir”; habremos producido solo una parte. Y probablemente regresaremos a casa cansados, apáticos, tibios. Para que mañana se produzca nuevamente la misma dinámica. El resultado externo no hace “la diferencia”.

De la misma manera, si conseguimos sentirnos muy bien, tener un óptimo nivel relacional en el equipo y disfrutar de lo que hacemos, pero sin conseguir el resultado material, es evidente que nuestra empresa o proyecto tendrá los días contados.
La realidad de nuestra sociedad, nos muestra claramente que hemos aprendido bastante bien a producir el primer valor: ganar dinero. Esto se sabe hacer bastante bien, las empresas saben hacerlo bastante bien. Y es un gran valor saber hacerlo.
Y también hemos de decir, que para obtener el segundo valor, queda camino por recorrer. En algunos lugares, ni siquiera aún lo reconocen. En otros comienzan a hacerlo. En pocos están ya trabajando en esta dirección.

Inevitablemente el mundo camina hacia allí. A crecer. A unir. A sumar. Donde antes había una capacidad, un valor; ahora habrá dos, para completar el circuito, para poder regresar a casa con ganas, entusiasmados, con energía y una actitud positiva. Y esto si hace “la diferencia”.

De esta manera seremos también buenos educadores de quienes vengan detrás, dejándoles señales de la importancia de la felicidad para la construcción de un mundo más sano y sostenible.

El Orador y su técnica

El Orador y su técnica

Debemos comenzar aclarando que un Orador, o sea una persona que expone un argumento ante un público (público es también un solo oyente) es, ante todo, un Actor. ¿Por qué? Por tres razones muy sencillas:

1-Está en escena –es el foco de atención-
2-Tiene un guion/texto/contenido que transmitir
3-Tiene un público que lo observa y al cual dirigirse

Aclarado esto debemos decir que la técnica del Orador se reduce a pocas cosas:
Relajación – Atención – Escucha – Sensibilidad – Relación con su audiencia.

La belleza de estas características es que no pueden ser fingidas, no se pueden “actuar”; hay que ir adquiriéndolas poco a poco y se consiguen trabajando, se consiguen con cierto empeño y con entrenamiento. A medida que vallas adquiriendo estas capacidades, ellas te irán definiendo, y tú irás adquiriendo tu estilo personal, propio, o sea: “Tú mismo”.

Esta manifestación única de lo que tú eres, este “Ser Tú Mismo” es lo que verdaderamente te hará comunicar.
Tu genuina expresión, aquello que te hace ser único e irrepetible (No hay dos como tu en este mundo, solo tú)

Recuerda que, en la comunicación relacional, solo el 8 % del resultado final tiene que ver con el contenido que transmites (el tema de tu exposición, las palabras) el otro 92 % (casi nada!) tiene que ver con las emociones y sensaciones que emanas (seguridad, tranquilidad, humor, empatía, tonos, ritmos, posición en el espacio, movimientos, actitud, felicidad!, etc.)

Por eso es necesario descubrir qué es lo que verdaderamente hace la diferencia. La diferencia no la hace el dominar el tema del que hablas -que obviamente es necesario dominar-, la diferencia la hace ser lo que tú eres y no otra cosa.

Las seis claves con las que ayudarás a tus hijos a hablar en público

Las seis claves con las que ayudarás a tus hijos a hablar en público

(Publicado por ABC, Mayo de 2016)

No todos los centros escolares incluyen la «oratoria» entre sus asignaturas. Sin embargo, cada vez cobra mayor importancia no solo entre los alumnos —que se ven, sin saber muy bien cómo hablar en público, en la tesitura de exponer un trabajo ante sus compañeros—, sino también entre los profesionales de cualquier ámbito cada vez que presentan un negocio o proyecto en su propia empresa o ante clientes.
Lo que está claro es que saber comunicar una idea correctamente es una de las claves del éxito profesional y personal. Según Mónica Pérez de las Heras, directora de la Escuela Europea de Oratoria (EEO), los padres también pueden contribuir a fomentar que sus hijos potencien su capacidad para saber hablar en público, ser más convincentes y evitar esos nervios tan característicos que pueden tirar por tierra el más sencillo de los mensajes. Sus recomendaciones son los siguientes:
1.-Apóyalos para

hablar en público

.
Los niños aprenden y repiten muchas conductas de los padres. Si les enseñas que hablar en público es fácil y divertido, perderán el miedo a hacerlo. Muchos bloqueos e inseguridades nacen desde que somos pequeños y crecemos con algunas creencias que más tarde son difíciles de cambiar. Anímalos en este camino. Háblales en positivo sobre lo que significa ser un buen orador y recuérdales que todos podemos hacerlo.
2. Recuérdales que el secreto es ser uno mismo.
Los niños cumplen perfectamente las tres claves imprescindibles de la oratoria: naturalidad, humildad y corazón. Enséñales simplemente a ser ellos mismos. Cada vez que tengan que exponer en el colegio o hablar frente a sus compañeros, recuérdales que el mejor secreto es no tratar de imitar a nadie y que deben ser los mismos que están en la casa, jugando o divirtiéndose en la escuela. Fortalece sus cualidades. Recuérdales lo mucho que valen y que nunca se esfuercen en ser algo diferente a lo que son.
3. Ayúdalos a emplear la postura de «neutralidad».
Es una posición en la que el niño está de pie, con su peso equilibrado en ambas caderas y los brazos colgando. Sus brazos y sus manos se mueven en cuanto comienza a hablar. Enséñales que al hablar en público no pueden tocarse el pelo, la cara, poner «brazos en jarra» o cruzar brazos o piernas porque eso no da sensación de seguridad.
4. Anímales a contar historias.
La oratoria se nutre de grandes historias y anécdotas para enganchar al público. Es importante motivarles a inventar sus propias historias y a contarlas después. Celebra sus cuentos y recuérdales el valor que tienen sus vivencias cada vez que tengan que hablar frente a sus compañeros.
5.- Enséñales algunos trucos de la oratoria.
Anímalos a realizar «un buen principio» y «un buen final» en cualquier presentación que hagan. Se trata de un gran secreto que tienen los grandes oradores y que los niños pueden repetir en sus presentaciones. Puede ser una pregunta al público, entrar bailando o cantando, decir una frase con rotundidad o cualquier otra cosa que se les ocurra.
6. Ayúdalos a emplear su voz.
Para contar bien algo es necesario emplear «adecuadamente la voz», sin acelerarse o hablar demasiado despacio. Pídeles que ensayen frente a ti y recuérdales este punto. Y que sepan poner voz a cualquier personaje de su historia.
Y, por supuesto, después de tener en cuenta todos los pasos anteriores, recuérdales que la mejor clave para la oratoria es: practicar, practicar, practicar. Es decir, que cada vez lo harán mejor.

Uso responsable de un martillo

Uso responsable de un martillo

-Publicado por Teatro Fértil, Febrero 2016-
Le doy un martillo a una persona y le digo: por favor, clava este pequeño clavo en la pared. La persona acepta y se pone manos a la obra. Atiza unos cuantos golpes y destroza todo; atraviesa la pared y lastima a una persona que estaba al otro lado del muro.
Entonces, puedo llegar a decirme dos cosas:
1-Este tío es tonto.
2-Este martillo no funciona.
Igual que en el mundo en que vivimos. La política, el arte, la economía, la ciencia, “lo que hacemos”; son simples instrumentos que solo nos desvelan la calidad humana de quienes los utilizamos.
Son medios. Justamente porque están “en el medio”, entre el ejecutante y el resultado:
Ejecutante – Instrumento – Resultado.
Un mismo instrumento puede producir resultados totalmente diferentes.
Rara vez nos decimos:
3-No fui capaz de comunicarme bien con él, no me hice entender, tengo que mejorar…
La sociedad de hoy, con todos sus engranajes, “va” exactamente como “somos” o mejor dicho, va como “estamos”. Porque todos somos mejorables.
Las cosas van como estamos.
¿O pensamos acaso que somos mejores que los que llevan la administración de la sociedad? ¿Lo haríamos mejor nosotros en su lugar?
Basta parar un minuto, respirar profundo y preguntarnos:
¿Qué tal voy yo como administrador de todas las áreas que componen la empresa que es mi propia vida? ¿Cómo va mi economía y todo el abanico de repercusiones que provoca? ¿Y la administración de mis relaciones personales, familiares, sociales, laborales? ¿La gestión de mi salud? ¿Soy un ser pleno, satisfecho? ¿En paz con migo mismo y con el fruto de esta administración?
Tú sabrás.
Necesitamos mirarnos de frente y asumir nuestra responsabilidad; mirarnos dentro y dejar de señalar fuera. La responsabilidad es una cualidad que tiene un único objeto de aplicación: Uno mismo.
Es más que necesario comenzar a educarnos nuevamente, o tal vez sea más acorde decir solamente “comenzar”, a educarnos. Y poco a poco ir aprendiendo a usar el martillo con responsabilidad y sensibilidad, con alegría y sentido de grupo. Y a relacionarnos con los demás de igual manera.
Tenemos una maravillosa obligación. La de convertirnos en modelos de gestión de nuestra propia micro – empresa de vida, de la cual somos totalmente responsables; y embellecerla día a día hasta transformarla en obra de Arte, en ejemplo contagioso para todos los que nos rodean.
De lo contrario seguiremos rompiendo clavos, paredes, cabezas y lo que se nos cruce por delante; creyéndonos que el responsable es el otro que no me entiende, el jefe, el gobierno, el martillo… Y a este círculo y sus resultados, ya los conocemos de sobra.