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La Empresa, la Comunicación y la Excelencia

La Empresa, la Comunicación y la Excelencia

 

Como todos sabemos, dentro de una empresa, o mejor dicho dentro de cualquier organización, la comunicación juega un rol más que fundamental.

La calidad de la comunicación que se manifieste dentro de la empresa, tanto a nivel interno cómo a nivel de lo que se comunique hacia fuera del organismo, será determinante y decisivo para alcanzar los objetivos propuestos con mayor o menor celeridad y eficacia.

La inversión en el desarrollo de habilidades para la comunicación del equipo humano que constituye el motor de una empresa, es una inversión siempre más segura, sostenible y con visión largoplacista.

Con líderes emocionalmente inteligentes y capaces de afrontar la “reinvención” constante que pide el ritmo de la sociedad actual; y con equipos de trabajo cohesionados y sólidos, generadores de ambientes laborales ligeros y agradables – por lo tanto eficaces -; estaremos influyendo de forma concreta y determinante sobre los resultados de una empresa:

Por una parte se reducirán tiempos, lo que genera ahorro de recursos y ganancia de dinamismo y eficacia, y por otra, se estará protegiendo y desarrollando el valor más importante que tiene toda empresa: su capital humano.

De esta manera, trabajando equilibradamente tanto para los resultados materiales como para las personas, nos estaremos orientando al gran objetivo que persiguen todas las organizaciones que existen en el mundo: La Excelencia.

La educación y el desarrollo

La educación y el desarrollo

Toda la instrucción que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas está relacionada con la adquisición de instrumentos que nos permitan vivir y desenvolvernos dentro de la sociedad: herramientas para acceder al mercado laboral, habilidades para tener éxito social, reconocimiento, bienes materiales, poder, comodidad, etc.

El colegio, la escuela media y superior, la universidad; luego los masters, grados, postgrados, especializaciones. En todo este largo recorrido, que comienza cuando somos muy pequeños, solo nos han proporcionado diferentes métodos y herramientas para la supervivencia y el progreso sociales.

Dentro de todos estos programas de estudio, nunca nos hemos topado con una asignatura que se llame “Entrenamiento para ser tú mismo” o “Ejercicios prácticos para conocerte mejor”.

Un título universitario, una posición social, el ejercicio de cierto poder en un determinado ámbito, no son la genuina manifestación de tu esencia, no son tu ser real, no son “Tú”. Solo son cosas que has adquirido.

Lo adquirido, lo que no es tuyo, viene de fuera; lo esencial, lo que si te pertenece por naturaleza, viene de dentro y busca emerger; te llama, todos los días, con el enorme deseo de surgir y manifestarse.

El desarrollo real de un ser humano está relacionado con el desarrollo de su ser, con el crecimiento de su esencia, con la gradual manifestación de lo que esa persona realmente es. Está relacionado con el maravilloso viaje de descubrirse a sí mismo. Como pienso yo por mi mismo, como siento yo por mi mismo, como actúo yo  por mi mismo. Por mi mismo significa libre de la poderosa influencia que la educación ha ejercido sobre mí, condicionándome más de lo que logro darme cuenta.

¿Esto significa que debo negar mi educación y eliminarla de mi vida? absolutamente no! Es más, tengo que estarle muy agradecido y seguir nutriéndola siempre, me ha sido y me es de extrema utilidad, me ha ayudado a desenvolverme en este mundo. Lo que sucedió fue solo que, en este proceso, me olvidé de una parte, quizá la más importante.

Lo interesante será comenzar a equilibrar la balanza. Tomar conciencia que mi existencia tiene, al menos, dos direcciones: una externa, social; y otra interna, esencial.

Los valores de felicidad y plenitud que tanto deseamos, serán alcanzados solo desde la unión de ambas vertientes, por manifestar nuestra balanza con sus dos platos en equilibrio; pero no tenemos que olvidar que, felicidad y plenitud son emociones, y que por lo tanto, tienen su raíz en el mundo interior de cada uno de nosotros. Y es allí donde debe ir hoy nuestra mayor atención, ya que durante mucho tiempo lo hemos tenido olvidado o lo hemos dejado casi siempre para lo último.

El backstage del líder

El backstage del líder

El liderazgo es la capacidad de gestionar grupos de personas para llevarlas a conseguir objetivos dentro de un marco de condiciones internas amables; y es, como cualquiera de las acciones que manifestamos diariamente, un espejo que refleja quién es ese líder, mostrándonos su grado de desarrollo humano.

Antes de poder aplicar las máximas del liderazgo a su grupo de referencia, esa persona deberá saber aplicarse a sí mismo algunas pautas: tendrá que saber desenvolverse como desea que su equipo lo haga, erigiéndose de esta manera en un modelo de orientación para el grupo.

La gestión del grupo comienza con la auto-gestión de su líder, y he aquí la responsabilidad que este asume.

El primer paso para conseguirlo es el conocimiento de sí mismo: el líder deberá conocerse al menos en un nivel suficiente como para reconocer, mediante la auto-observación, las emociones propias, aquellas que son útiles para cada situación, y aquellas que no lo son.

El segundo paso será manifestar la capacidad de auto-control, lo que le permitirá elegir, alinearse y exteriorizar solo aquellas emociones que son sinérgicas al objetivo buscado y descartar toda posibilidad auto-saboteadora.

Una vez reconocidas y gestionadas las propias emociones, una vez que “la casa está en orden” podrá dar el tercer paso: el encuentro directo con los demás, manifestando la capacidad por excelencia en las relaciones interpersonales: la empatía, en este caso, orientada al resultado que el grupo persigue.

Solo a partir de aquí puede dar comienzo un verdadero proceso de liderazgo destinado al éxito material y a la plenitud personal de cada integrante del grupo.

Resumido sería así, desde la visión del líder:

1-Me conozco (reconozco mis emociones en el momento presente, las positivas y las no útiles).

2-Me gestiono (me esfuerzo en abandonar todo aquello que no es útil al objetivo y me manifiesto solo de forma proactiva).

3-Me relaciono (voy al encuentro de los demás practicando la empatía orientada al resultado).

Reflexiones en voz alta

Reflexiones en voz alta

Vivimos bajo niveles de exigencia elevados. La presión a la que estamos sometidos, con el objetivo de producir, es grande y desgastante. Y en ese empeño por producir olvidamos el factor más importante y determinante para que una verdadera existencia productiva sea posible: Nos olvidamos de nosotros mismos, del ser humano.

El estrés crece sano y fuerte y la ausencia de paz en nuestras vidas es siempre más tangible; corremos agitados hacia un objetivo totalmente desconocido, que ni siquiera sabemos qué fruto aportará a nuestras vidas.

No podremos producir algo mejor de lo que tenemos si no hacemos una pausa y reflexionamos de modo serio; si no colocamos al ser humano en el centro del asunto, como protagonista absoluto de este teatro social cotidiano en el que existimos.

Productividad es, además de números positivos, gozo por la existencia, plenitud, serenidad, paz, cierta alegría de vivir, desapego de las falsas necesidades y un largo etcétera.

Todo cuanto nos rodea parece indicar que ha llegado el momento de sacar del arcón, nuevamente, los Valores Humanos olvidados desde hace tiempo, desempolvarlos y ponerlos nuevamente en funcionamiento.

Nos olvidamos que somos la especie ápice que existe sobre este planeta, capaces de manifestar talentos únicos; muchos y grandes, que podemos resumir con una sola gran palabra: Amor, la madre de todos los Valores. Existen y existieron muchos que lo han encarnado, y representan modelos de orientación para todos nosotros. Volvamos los ojos hacia ellos.

Este paradigma emergente, esta nueva visión, en relación a nosotros mismos como parte integrante de un conjunto mayor, nos obliga a ser artífices de un cambio tan maravilloso como inevitable. Nos invita a sumarnos a él con empeño, con alegría, conscientes del esfuerzo que requiere; transformándonos en agentes de contagio de todos aquellos que nos rodean.

Solo de esta manera lograremos, no solo agradecer y disfrutar el tiempo vital que nos fue otorgado, sino también, transmitirles la mejor referencia y orientación posibles a aquellos que vengan detrás.

 

Nuestra energía no es infinita: aprendamos a concentrarla sobre aquello que nos hace felices

Nuestra energía no es infinita: aprendamos a concentrarla sobre aquello que nos hace felices

Por Gianluca Bianco. Gentileza de: centodieci

No siempre es fácil coger las riendas de la propia vida, especialmente si esta ha sido influenciada desde la adolescencia, tampoco es tan fácil sentirnos seguros de haber elegido lo mejor para nosotros, lo que nos hace sentir felices y agradecidos por este día de hoy. Bajo estas premisas, muy a menudo me he preguntado (y lo sigo haciendo aún hoy): ¿Qué quieres verdaderamente?
La diferencia sustancial la hace la palabra “verdaderamente”, porque implica una inmersión en uno mismo, un análisis sincero, libre y sin prejuicios, para encontrar una respuesta satisfactoria.
La pregunta nos arrincona, nos obliga, casi que nos amenaza, y a menudo, las respuestas que damos son una adaptación, una forma de acomodarnos para posponer, por no sentirnos nunca “a la altura” y preparados para cambiar completamente nuestra vida, aunque conozcamos los deseos profundos de nuestro corazón.
¿Cuántas cosas posponemos con la esperanza de que, antes o después, se resolverán por sí solas?
Esto vale no solo para los casos de insatisfacción extrema, sino también para las más pequeñas tareas cotidianas, cuestiones sin resolver que arrastramos durante días, meses, incluso años, posponiéndolas con la esperanza que antes o después se resolverán.
La energía vital no es infinita, es una cantidad precisa y limitada para cada uno, si pudiéramos utilizarla completamente en aquello que nos hace felices y satisface; ¿nuestra existencia no sería mejor? ¿No sería mejor que desperdiciar una parte de esta energía para mantener cuestiones abiertas, alimentando la incertidumbre y el temor?
Luego de variados intentos, he llegado a la conclusión de que la acción más eficaz es aquella de intentar decirme todos los días: este es tu momento!
Estamos habituados a mirar a los demás, a elogiarlos por sus conquistas, mientras que para con nosotros mismos, estamos listos a criticar, esperar, planificar, buscar el momento, el tiempo, el lugar, lo mejor, ideal, apto para hacer; y mientras tanto, en la espera, consumimos nuestra vida.
Quiero decirte, sin medias tintas, que el momento ideal no llegará, no existe el día justo, no será todo perfecto, por esta razón, la mejor ocasión es la que podemos buscar y vivir ahora. “Si no ahora, ¿Cuándo?” Decía Primo Levi.
La mejor ocasión es la que podemos buscar y vivir ahora: “Si no ahora, ¿Cuándo?” (Primo Levi)
Dejemos de lado nuestras convicciones, nuestros miedos, nuestras dudas, nuestras certezas y lancémonos a la vida, con la esperanza cierta de que ella nos dará una mano, y respondiendo sinceramente a la pregunta ¿Qué es lo que verdaderamente quiero? Se mostrará ante nosotros la posibilidad de poder obtenerlo ahora, en este instante, porque estoy preparado, porque he trabajado para llegar aquí, por eso puedo hacerlo ahora, es mi momento, de nadie más, solo mío!
Tú eres el maestro de tu vida, eres capaz de orientar tus velas en la dirección del viento, eres capaz de timonear, de llevarte donde nunca hubieras pensado y de llegar exactamente allí, donde tú sabes; y puedes hacerlo sin correr el riesgo de perder nada, porque la vida no abandona a nadie y, si tú crees, te devolverá más de lo que tú le has dado.
Inténtalo entonces. Tienes un sueño, un deseo, un asunto sin resolver con alguien, con algo, lo tienes claro ante ti…
Ahora respira profundamente, una, dos, tres veces y di: este es mi momento! Y sin dudar más, actúa!
Te sentirás bien, muy bien, siempre más vivo; e incluso fallando podrás mejorar, y dentro de veinte años mirar hacia atrás sabiendo que lo intentaste.
Con certeza te digo: es mejor haberlo intentado y fallado, que no haberlo hecho y sentir el remordimiento.

Productividad: la suma de dos factores

Productividad: la suma de dos factores

La verdadera productividad, o la productividad completa, es la suma de dos factores, de dos valores. La consecución de un valor externo, material, económico; más el logro de un valor interno: la plenitud, la satisfacción de quien o quienes producen el valor externo.

Si producimos solo uno de estos dos valores, podemos decir que somos parcialmente productivos.

Si solo obtenemos el resultado material, y este no se une con la satisfacción interior, con un cierto estado de plenitud; habremos producido solo una parte. Y probablemente regresaremos a casa cansados, apáticos, tibios. Para que al día siguiente, se produzca nuevamente la misma dinámica de monotonía existencial. El resultado material hace la diferencia solo en parte.

De la misma manera, si conseguimos sentirnos muy bien, tener un óptimo nivel relacional en el equipo y disfrutar de lo que hacemos, pero sin conseguir el resultado material, es evidente que nuestra empresa o proyecto tendrá los días contados (También debemos decir, que si logramos esto, es más que probable, que el resultado externo se alcance, aunque no es seguro).

La realidad de nuestra sociedad actual, nos muestra claramente que hemos aprendido bastante bien a producir el primer valor: ganar dinero. Esto se sabe hacer bastante bien, las empresas saben hacerlo bastante bien. Y es un gran valor saber hacerlo.

Y también hemos de decir, que para obtener el segundo valor, queda camino por recorrer. En algunos lugares, ni siquiera aún lo reconocen. En otros comienzan a hacerlo. En pocos están ya trabajando en esta dirección.

Inevitablemente el mundo camina hacia una “productividad completa”. Así podremos completar el circuito “win – win” para regresar a casa con ganas, entusiasmados, con energía y una actitud positiva. Y esto sí hace “la diferencia”.

De esta manera seremos también buenos educadores de quienes vengan detrás, dejándoles señales de la importancia de la construcción de la felicidad personal como base para la creación de una sociedad más sana, pacífica, amable y sostenible.

Los talentos del orador

Los talentos del orador

 

Debemos comenzar proponiendo la idea de que un Orador, o sea una persona que expone ante un público (público es también un solo oyente), presenta, durante su “speech”, características similares a las de un actor:

-Está en escena (es el foco de atención)

-Tiene un guion, un texto, unas ideas que transmitir

-Tiene un público que lo observa y al cual dirigirse

-Y, sobre todo, tiene que lograr “Comunicar”

Hecha esta propuesta, podríamos decir que los mayores talentos que podría manifestar un orador, tal vez muy similares a los de un actor, serían los siguientes:

Relajación – Atención – Escucha – Sensibilidad – Disfrute – Relación con su audiencia.

Lo maravilloso de estos talentos, es que no pueden ser fingidos, no se pueden “actuar”; para conseguirlos, hay que ir adquiriéndolos poco a poco, gradualmente, a través de un proceso personal de trabajo, con empeño y entrenamiento. A medida que se van adquiriendo estas capacidades, ellas irán definiendo siempre más a quien las manifiesta, y esa persona irá conquistando paulatinamente su propio estilo personal. Lo que conocemos como “Ser Uno Mism@”.

Esta manifestación única de lo que tú eres, este “Ser Tú Mism@” es lo que realmente hará de ti un ser con capacidad de comunicar; o sea, con capacidad de conectar con los corazones de quienes te escuchan, de quienes te rodean.

Recuerda que, en la comunicación relacional, solo el 8 % del resultado final tiene que ver con el contenido que transmites (el tema de tu exposición, las palabras) el otro 92 % (casi nada!) tiene que ver con las emociones y sensaciones que emanas (Cuan feliz, atento, seguro logras ser en la relación).

“La diferencia” no la hace dominar el tema del que hablas, que obviamente es necesario dominar, sino ser lo que tú eres, y no una imitación de otro, tener tu propia posición, independientemente de que guste o deje de gustar a quienes te rodean.

 

Las seis claves con las que ayudarás a tus hijos a hablar en público

Las seis claves con las que ayudarás a tus hijos a hablar en público

(Publicado por ABC, Mayo de 2016)

No todos los centros escolares incluyen la «oratoria» entre sus asignaturas. Sin embargo, cada vez cobra mayor importancia no solo entre los alumnos —que se ven, sin saber muy bien cómo hablar en público, en la tesitura de exponer un trabajo ante sus compañeros—, sino también entre los profesionales de cualquier ámbito cada vez que presentan un negocio o proyecto en su propia empresa o ante clientes.
Lo que está claro es que saber comunicar una idea correctamente es una de las claves del éxito profesional y personal. Según Mónica Pérez de las Heras, directora de la Escuela Europea de Oratoria (EEO), los padres también pueden contribuir a fomentar que sus hijos potencien su capacidad para saber hablar en público, ser más convincentes y evitar esos nervios tan característicos que pueden tirar por tierra el más sencillo de los mensajes. Sus recomendaciones son los siguientes:
1.-Apóyalos para

hablar en público

.
Los niños aprenden y repiten muchas conductas de los padres. Si les enseñas que hablar en público es fácil y divertido, perderán el miedo a hacerlo. Muchos bloqueos e inseguridades nacen desde que somos pequeños y crecemos con algunas creencias que más tarde son difíciles de cambiar. Anímalos en este camino. Háblales en positivo sobre lo que significa ser un buen orador y recuérdales que todos podemos hacerlo.
2. Recuérdales que el secreto es ser uno mismo.
Los niños cumplen perfectamente las tres claves imprescindibles de la oratoria: naturalidad, humildad y corazón. Enséñales simplemente a ser ellos mismos. Cada vez que tengan que exponer en el colegio o hablar frente a sus compañeros, recuérdales que el mejor secreto es no tratar de imitar a nadie y que deben ser los mismos que están en la casa, jugando o divirtiéndose en la escuela. Fortalece sus cualidades. Recuérdales lo mucho que valen y que nunca se esfuercen en ser algo diferente a lo que son.
3. Ayúdalos a emplear la postura de «neutralidad».
Es una posición en la que el niño está de pie, con su peso equilibrado en ambas caderas y los brazos colgando. Sus brazos y sus manos se mueven en cuanto comienza a hablar. Enséñales que al hablar en público no pueden tocarse el pelo, la cara, poner «brazos en jarra» o cruzar brazos o piernas porque eso no da sensación de seguridad.
4. Anímales a contar historias.
La oratoria se nutre de grandes historias y anécdotas para enganchar al público. Es importante motivarles a inventar sus propias historias y a contarlas después. Celebra sus cuentos y recuérdales el valor que tienen sus vivencias cada vez que tengan que hablar frente a sus compañeros.
5.- Enséñales algunos trucos de la oratoria.
Anímalos a realizar «un buen principio» y «un buen final» en cualquier presentación que hagan. Se trata de un gran secreto que tienen los grandes oradores y que los niños pueden repetir en sus presentaciones. Puede ser una pregunta al público, entrar bailando o cantando, decir una frase con rotundidad o cualquier otra cosa que se les ocurra.
6. Ayúdalos a emplear su voz.
Para contar bien algo es necesario emplear «adecuadamente la voz», sin acelerarse o hablar demasiado despacio. Pídeles que ensayen frente a ti y recuérdales este punto. Y que sepan poner voz a cualquier personaje de su historia.
Y, por supuesto, después de tener en cuenta todos los pasos anteriores, recuérdales que la mejor clave para la oratoria es: practicar, practicar, practicar. Es decir, que cada vez lo harán mejor.