Liderazgo

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Más allá de los límites

Más allá de los límites

La vida cotidiana nos da la posibilidad, casi de forma continua, de entrar en relación con nuestros límites, de reconocerlos y poder usarlos a nuestro favor.

El espacio en el que nos movemos habitualmente no suele ser muy grande ni muy rico de posibilidades y respuestas. Lo que de allí surge, casi siempre se cocina con los mismos pocos ingredientes. Es más bien un territorio bastante árido y poco productivo. A esta dimensión se la llama actualmente zona de confort. Un espacio dentro del cual nada cambia ni nada nuevo sucede; allí simplemente el tiempo pasa, y el que en él habita cree estar seguro, fuera de peligro; sin siquiera sospechar que el mayor peligro reside justamente en estar ahí dentro, inmóvil.

Inmediatamente después de sacar un pie fuera de este pequeño espacio, comienza a dibujarse la zona de la posibilidad. Posibilidad de ampliar mis márgenes y limitaciones y crecer, expandir el pequeño espacio y ampliarlo siempre más. La negación de lo nuevo, el rechazo a lo desconocido o el sentimiento de “amenaza” (y la correspondiente fricción que esto provoca), suelen ser las señales que indican que el contacto con el límite se está produciendo.

Aquí es donde comienza el juego de relación con los límites, el que puede llevarme de la zona de confort  a la zona de la posibilidad, y desde allí, a la toma de conciencia de la imperiosa necesidad que todos tenemos: mejorarnos para participar de la vida. Entender que vivir es cambiar y que la felicidad se construye mediante acciones concretas, no sucede por casualidad.

El desafío consiste en encontrar la justa medida en la relación con el límite. Si ni me acerco a ellos, permaneceré donde ya sabemos lo que pasa, si me empujo demasiado fuera de ellos, corro el riesgo de dañarme y no querer volver a intentarlo.

Materialmente, una persona puede obtener grandes beneficios sin haberse esforzado demasiado. Socialmente, alguien puede llegar a ocupar una posición alta por mera casualidad. Interiormente, donde residen felicidad y plenitud, nada puede obtenerse sin esfuerzo, nada puede comprarse, nada puede serte regalado. La casualidad, en esta dimensión, sencillamente no existe.

Las alas del error

Las alas del error

“Errar es humano, perdonar es divino” la frase de Alexander Pope es un buen punto de partida para comprender las grandes posibilidades que puede ofrecernos el cometer errores. Pope dice que errar es parte inherente de nuestra condición humana (de momento dejemos de lado la parte divina). No dice que sea bueno o que sea malo; simplemente dice que es propio de nuestra naturaleza cometer errores. Así que podemos estar tranquilos, cometer errores es algo natural para todos nosotros.

Pero sucede a menudo que no lo queremos asumir. Lo negamos, lo ocultamos, lo justificamos, lo camuflamos o intentamos pasárselo a otro. Como si fuese yo el único que los cometiese o, peor aún, como si fuese un apestado por cometerlos. Esto sucede por algo muy sencillo de comprender: el paradigma premio – castigo en el que fuimos educados desde muy pequeños. Nos enseñaron que el error es malo y nos castigaban por ello.

Cuando actuamos así estamos negando nuestra condición pretendiendo ser algo que no somos, esquivando nuestra responsabilidad y desperdiciando oportunidades maravillosas. Mi error, como parte natural de mi existencia, me da la oportunidad de verme en él cómo en un espejo, ofreciéndome la posibilidad de mejorar mi propia versión.

A través de él puedo observarme y aprender. Puedo desmenuzar el evento que contiene ese error y chequear qué distracciones hubo para que se produjera, qué lagunas de conocimiento se evidenciaron para llegar a él y muchos otros datos que pueden impulsarme al desarrollo, al crecimiento.

Cuando frente a mí mismo, sin emitir juicio alguno, soy capaz de verme en el error aceptándolo con valentía, y acto seguido, narrarle a mi mente cómo hubiera sido la secuencia vivida de manera adecuada, de manera fecunda; estaré generando nuevas conexiones neuronales, o sea nuevas posibilidades, nuevas respuestas, nuevos inshigts. De esta manera podremos honrar el error cometido utilizándolo a favor de nuestro proceso auto-educativo, no permitiendo que se haya producido en vano. Entonces podremos decir que errar… es divino.

 

 

La Empresa, la Comunicación y la Excelencia

La Empresa, la Comunicación y la Excelencia

 

Como todos sabemos, dentro de una empresa, o mejor dicho dentro de cualquier organización, la comunicación juega un rol más que fundamental.

La calidad de la comunicación que se manifieste dentro de la empresa, tanto a nivel interno cómo a nivel de lo que se comunique hacia fuera del organismo, será determinante y decisivo para alcanzar los objetivos propuestos con mayor o menor celeridad y eficacia.

La inversión en el desarrollo de habilidades para la comunicación del equipo humano que constituye el motor de una empresa, es una inversión siempre más segura, sostenible y con visión largoplacista.

Con líderes emocionalmente inteligentes y capaces de afrontar la “reinvención” constante que pide el ritmo de la sociedad actual; y con equipos de trabajo cohesionados y sólidos, generadores de ambientes laborales ligeros y agradables – por lo tanto eficaces -; estaremos influyendo de forma concreta y determinante sobre los resultados de una empresa:

Por una parte se reducirán tiempos, lo que genera ahorro de recursos y ganancia de dinamismo y eficacia, y por otra, se estará protegiendo y desarrollando el valor más importante que tiene toda empresa: su capital humano.

De esta manera, trabajando equilibradamente tanto para los resultados materiales como para las personas, nos estaremos orientando al gran objetivo que persiguen todas las organizaciones que existen en el mundo: La Excelencia.

La educación y el desarrollo

La educación y el desarrollo

Toda la instrucción que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas está relacionada con la adquisición de instrumentos que nos permitan vivir y desenvolvernos dentro de la sociedad: herramientas para acceder al mercado laboral, habilidades para tener éxito social, reconocimiento, bienes materiales, poder, comodidad, etc.

El colegio, la escuela media y superior, la universidad; luego los masters, grados, postgrados, especializaciones. En todo este largo recorrido, que comienza cuando somos muy pequeños, solo nos han proporcionado diferentes métodos y herramientas para la supervivencia y el progreso sociales.

Dentro de todos estos programas de estudio, nunca nos hemos topado con una asignatura que se llame “Entrenamiento para ser tú mismo” o “Ejercicios prácticos para conocerte mejor”.

Un título universitario, una posición social, el ejercicio de cierto poder en un determinado ámbito, no son la genuina manifestación de tu esencia, no son tu ser real, no son “Tú”. Solo son cosas que has adquirido.

Lo adquirido, lo que no es tuyo, viene de fuera; lo esencial, lo que si te pertenece por naturaleza, viene de dentro y busca emerger; te llama, todos los días, con el enorme deseo de surgir y manifestarse.

El desarrollo real de un ser humano está relacionado con el desarrollo de su ser, con el crecimiento de su esencia, con la gradual manifestación de lo que esa persona realmente es. Está relacionado con el maravilloso viaje de descubrirse a sí mismo. Como pienso yo por mi mismo, como siento yo por mi mismo, como actúo yo  por mi mismo. Por mi mismo significa libre de la poderosa influencia que la educación ha ejercido sobre mí, condicionándome más de lo que logro darme cuenta.

¿Esto significa que debo negar mi educación y eliminarla de mi vida? absolutamente no! Es más, tengo que estarle muy agradecido y seguir nutriéndola siempre, me ha sido y me es de extrema utilidad, me ha ayudado a desenvolverme en este mundo. Lo que sucedió fue solo que, en este proceso, me olvidé de una parte, quizá la más importante.

Lo interesante será comenzar a equilibrar la balanza. Tomar conciencia que mi existencia tiene, al menos, dos direcciones: una externa, social; y otra interna, esencial.

Los valores de felicidad y plenitud que tanto deseamos, serán alcanzados solo desde la unión de ambas vertientes, por manifestar nuestra balanza con sus dos platos en equilibrio; pero no tenemos que olvidar que, felicidad y plenitud son emociones, y que por lo tanto, tienen su raíz en el mundo interior de cada uno de nosotros. Y es allí donde debe ir hoy nuestra mayor atención, ya que durante mucho tiempo lo hemos tenido olvidado o lo hemos dejado casi siempre para lo último.

Reflexiones en voz alta

Reflexiones en voz alta

Vivimos bajo niveles de exigencia elevados. La presión a la que estamos sometidos, con el objetivo de producir, es grande y desgastante. Y en ese empeño por producir olvidamos el factor más importante y determinante para que una verdadera existencia productiva sea posible: Nos olvidamos de nosotros mismos, del ser humano.

El estrés crece sano y fuerte y la ausencia de paz en nuestras vidas es siempre más tangible; corremos agitados hacia un objetivo totalmente desconocido, que ni siquiera sabemos qué fruto aportará a nuestras vidas.

No podremos producir algo mejor de lo que tenemos si no hacemos una pausa y reflexionamos de modo serio; si no colocamos al ser humano en el centro del asunto, como protagonista absoluto de este teatro social cotidiano en el que existimos.

Productividad es, además de números positivos, gozo por la existencia, plenitud, serenidad, paz, cierta alegría de vivir, desapego de las falsas necesidades y un largo etcétera.

Todo cuanto nos rodea parece indicar que ha llegado el momento de sacar del arcón, nuevamente, los Valores Humanos olvidados desde hace tiempo, desempolvarlos y ponerlos nuevamente en funcionamiento.

Nos olvidamos que somos la especie ápice que existe sobre este planeta, capaces de manifestar talentos únicos; muchos y grandes, que podemos resumir con una sola gran palabra: Amor, la madre de todos los Valores. Existen y existieron muchos que lo han encarnado, y representan modelos de orientación para todos nosotros. Volvamos los ojos hacia ellos.

Este paradigma emergente, esta nueva visión, en relación a nosotros mismos como parte integrante de un conjunto mayor, nos obliga a ser artífices de un cambio tan maravilloso como inevitable. Nos invita a sumarnos a él con empeño, con alegría, conscientes del esfuerzo que requiere; transformándonos en agentes de contagio de todos aquellos que nos rodean.

Solo de esta manera lograremos, no solo agradecer y disfrutar el tiempo vital que nos fue otorgado, sino también, transmitirles la mejor referencia y orientación posibles a aquellos que vengan detrás.