Uso responsable de un martillo

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Uso responsable de un martillo

-Publicado por Teatro Fértil, Febrero 2016-
Le doy un martillo a una persona y le digo: por favor, clava este pequeño clavo en la pared. La persona acepta y se pone manos a la obra. Atiza unos cuantos golpes y destroza todo; atraviesa la pared y lastima a una persona que estaba al otro lado del muro.
Entonces, puedo llegar a decirme dos cosas:
1-Este tío es tonto.
2-Este martillo no funciona.
Igual que en el mundo en que vivimos. La política, el arte, la economía, la ciencia, “lo que hacemos”; son simples instrumentos que solo nos desvelan la calidad humana de quienes los utilizamos.
Son medios. Justamente porque están “en el medio”, entre el ejecutante y el resultado:
Ejecutante – Instrumento – Resultado.
Un mismo instrumento puede producir resultados totalmente diferentes.
Rara vez nos decimos:
3-No fui capaz de comunicarme bien con él, no me hice entender, tengo que mejorar…
La sociedad de hoy, con todos sus engranajes, “va” exactamente como “somos” o mejor dicho, va como “estamos”. Porque todos somos mejorables.
Las cosas van como estamos.
¿O pensamos acaso que somos mejores que los que llevan la administración de la sociedad? ¿Lo haríamos mejor nosotros en su lugar?
Basta parar un minuto, respirar profundo y preguntarnos:
¿Qué tal voy yo como administrador de todas las áreas que componen la empresa que es mi propia vida? ¿Cómo va mi economía y todo el abanico de repercusiones que provoca? ¿Y la administración de mis relaciones personales, familiares, sociales, laborales? ¿La gestión de mi salud? ¿Soy un ser pleno, satisfecho? ¿En paz con migo mismo y con el fruto de esta administración?
Tú sabrás.
Necesitamos mirarnos de frente y asumir nuestra responsabilidad; mirarnos dentro y dejar de señalar fuera. La responsabilidad es una cualidad que tiene un único objeto de aplicación: Uno mismo.
Es más que necesario comenzar a educarnos nuevamente, o tal vez sea más acorde decir solamente “comenzar”, a educarnos. Y poco a poco ir aprendiendo a usar el martillo con responsabilidad y sensibilidad, con alegría y sentido de grupo. Y a relacionarnos con los demás de igual manera.
Tenemos una maravillosa obligación. La de convertirnos en modelos de gestión de nuestra propia micro – empresa de vida, de la cual somos totalmente responsables; y embellecerla día a día hasta transformarla en obra de Arte, en ejemplo contagioso para todos los que nos rodean.
De lo contrario seguiremos rompiendo clavos, paredes, cabezas y lo que se nos cruce por delante; creyéndonos que el responsable es el otro que no me entiende, el jefe, el gobierno, el martillo… Y a este círculo y sus resultados, ya los conocemos de sobra.